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Juan José Campanella: “Si no observás y no te interesás por la vida de los demás no podés ser cineasta”

Fran Vidal
Escrito por Fran Vidal

El director y guionista Juan José Campanella habló en una entrevista con la periodista Mariel Torreiro para Fran Vidal Espectáculos.

El exitoso cineasta argentino, que cuenta con un Óscar en su carrera, es una marca registrada a nivel nacional e internacional, reconocido por “El secreto de sus ojos”. Se animó a romper con lo habitual de su trabajo y estrenó “Metegol”, una película animada basada en un cuento de Roberto Fontanarrosa.

El año pasado, estrenó El cuento de las comadrejas,dirigida por él con Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni y elenco.

Además, en el 2019 en Madrid, España presentó su obra “Parque Lezama” con Luis Brandoni y Eduardo Blanco como protagonistas. Y en Buenos Aires, actualmente dirige una nueva temporada la comedia “¿Qué hacemos con Walter” en el Multiteatro.

– ¿Qué te motivó para iniciar esta carrera?

-Es difícil encontrar el momento en que a uno le empieza a gustar el cine porque cuando te diste cuenta ya sos fanático. A mí me gustó siempre, me crie en los ‘60 donde la televisión tenía cuatro canales nada más, en blanco y negro, y había que levantarse para cambiar de canal, o sea que el cine era un lugar muy importante. Los cines de barrio cambiaban de película todos los días y a mí me encantaba, hubo tres películas que para mí fueron muy importantes, la primera fue “Cantando en la lluvia”, que la vi cuando se repuso en los cines, en 1974, y me quedé fascinado; ahí pensé por primera vez que me gustaría hacer esto y me puse a averiguar cómo se hacían las películas, la segunda fue “Que bello es vivir”, una película de Frank Capra y ahí decidí que iba hacer cine y dejar la carrera de ingeniería eventualmente. A la tercera la vi seis meses después “All that jazz” y desde ese estreno nunca más volví a la facultad esa.

– ¿Cómo tomó tu familia ese cambio drástico?

-Fue una discusión, pero después me apoyaron mucho; la verdad que no podría haber hecho más sin la ayuda de mis padres.

– ¿Cómo fue tu época de formación en Estados Unidos?

-Fue una experiencia muy buena, en ese momento yo había terminado de estudiar cine en Buenos Aires. Sólo existían tres escuelas importantes de cine, pero las carreras no tenían títulos oficiales. Entonces, sentía que había como un techo y decidí presentarme en 1983 en la Universidad de Nueva York y cursé el Máster de Bellas Artes, una carrera bastante importante. Fueron cinco años de inmersión total y allá está muy enfatizado el tema de la disciplina y acá era lo contrario, estaba ponderado el tema de “la inspiración y mi arte no tienen horario”. En Nueva York te calificaban por cumplimiento no por calidad, porque los profesores pensaban justamente que la calidad es algo muy subjetivo en el cine, que no hay gustos, entonces la modalidad de calificar se basaba en si llegabas tarde a una filmación era un aplazo o si uno no hacía los comentarios de los guiones de los compañeros. Había que leer todos los guiones, es decir, la calificación se basaba en cumplir metas de trabajos, sino te echaban directamente.

-Sos un observador de la gente en los bares donde pasás gran tiempo escribiendo guiones, como fue el caso de “El hombre de tu vida”. ¿Eso te ayuda a crear los personajes de tus guiones?

-Absolutamente, yo creo que el que no es observador y el que no se interesa por la vida de los demás no puede hacer esto, es como la primera condición. Querer realmente estar todo el tiempo mirando los mecanismos y cómo reacciona la gente no solamente gestos y actitudes, sino también cosas más profundas. También, ver cómo reacciona la gente frente a diferentes impulsos. El que está en un bar y se abstrae de lo que pasa y se queda en su mundo no sirve para hacer cine.

-Si bien has logrado muchos reconocimientos en tu carrera, ¿qué sentiste al ganar un Oscar con El Secreto de sus ojos?

-Ahí en el momento nada, (risas) es un momento que te imaginaste durante toda tu vida que pasaría y cuando pasa no se abre el cielo, no pasa nada. De hecho, esa noche volví a mi casa con mi nene en un brazo dormido y con el Oscar en el otro, en realidad, estaba más preocupado por mi hijo porque se hacía tarde y se había quedado en la casa de unos amigos. Ahora, quizá mirando hacia atrás y en retrospectiva obviamente a la película la ayudó mucho, ese es el único premio el impacto que logra en un film, a mí me dio un poco más de tranquilidad interna y a la vez también una presión interna, o sea ya no puedo hacer realizar cualquier proyecto, las dos cosas conspiran para no filmar nunca más en la vida (risas). Por un lado, no tengo la necesidad de probarme nada ni a mí ni a nadie y, por otro lado, es el miedo de que tampoco puedo hacer cualquier cosa ahora, entonces, ¿cuál es la próxima? Por eso, elegí hacer metegol que era una cosa totalmente distinta y no tenía nada que ver, no puede haber casi ni un solo parámetro de comparación con el secreto de sus ojos.

-¿Que pensás del cine argentino en la actualidad?

-No tengo una definición de cine argentino porque hay muchos actores con muy distintos puntos de vista y estilos. Me gusta justamente que tenga esa variedad y riqueza, se está produciendo mucho y está viviendo un momento de transición muy fuerte. El cine como lo conocimos nosotros murió, que era un cine relevante socialmente uno no iba a divertirse, solamente te hablaba sobre la vida, cambiaba leyes y te daba para charlas de horas. Ahora, vas a ver una película y al término no surge un debate de eso, es un poco triste, hay películas cada tanto que tocan una cuerda en la sociedad como ha pasado con El secreto de sus ojos, Relatos salvajes o El clan porque cuando uno empieza la película son dos años antes o tres no sabés que va a estar en el inconsciente colectivo. Ya no es como era en los años ’70 y ‘80 que eran películas que realmente te conmovían, te conmocionaban y te alteraban la vida, eso desapareció no solo el cine argentino, sino el cine a nivel mundial.

-¿Con cuál actor argentino que no hayas trabajado, te gustaría trabajar?

-Con los que yo conozco que a mí me gustaría trabajar he trabajado con todos. Lo que ocurre es lo inverso, que por motivos de casting o de que quiero un personaje que de todos los actores que yo conozco entraría en eso y tengo que salir a buscar, uno se encuentra con un actor que le gustaba como actor pero que no decías, ¿no es Mino Manfredi? Que me encantaría hacer una película con él y te encontrás con un actor que decís yo quiero trabajar de nuevo, como me pasó con Joaquín Furriel, y con gran parte del elenco de Entre caníbales, hay grandes actores secundarios también, así que eso me pasa por suerte.

-Creés que hay actores que se encasillan en un mismo rol?

-Ocurre muchísimo, es más común que pase y especialmente con la comedia. Un actor que se hace famoso por cómico le cuesta un triunfo que lo tomen como actor dramático. No solo a Adam Sandler, Jim Carrey, Francella, Ricardo Darín en su momento, Natalia Oreiro. Siempre está el fantasma del comediante, cuando en realidad es al revés, es mucho más fácil que un comediante sea un gran actor dramático a que un actor dramático te pueda hacer reír porque la gracia no se aprende, la gracia es innata, es natural, no se pueden dirigir, y yo prefiero mil veces trabajar con un buen cómico en un papel dramático que con un gran actor dramático.

-¿Eso es lo que pasó con Francella en El secreto de sus ojos?

-Yo venía con ventaja porque lo conocí desde que empezamos todos en el teatro off. En 1982, antes de que él fuera famoso, hicimos nuestra primera obra que se llamaba “Proceso interior” y con Fernando castese; teníamos 22 años y en esa época el gran éxito del teatro independiente era un proceso interior que él hacía de un guardia cárcel sádico, torturador, perverso, tremendo, y estaba muy bien, es un actor de conservatorio. Después, tuvo una pegada cómica y es el arruinismo de la carrera cuando lo llevan por ese lado y bueno, queda solo como cómico, parece que se crio en un circo (risas).

-¿Por qué tu productora lleva el nombre “100 bares”?

-Cuando comenzamos con la productora éramos otras cuatro personas, soy el único que queda de ese grupo original. Era Eduardo Blanco, Ricardo Frentsaide, Jorge Estrai Monica. Nuestro primer proyecto fue Vientos de agua, Cami y Martino que son otros socios, y mi socia, fueron los editores de ahí y no teníamos oficinas y nos reunimos durante un año y pico en bares. Cuando sale Vientos de agua, recordé que generalmente le ponen el nombre del lugar donde se forma la productora. Entonces, nos fijamos el nombre del bar y era Petit Paris y no daba para ponerle ese nombre. Entonces dijimos ¿qué nombre le vamos a poner si estuvimos en 100 bares distintos? De ahí salió 100 bares.

– ¿Qué proyectos futuros tenés?

-Tengo un guion de cine con Eduardo Sacheri y dos cosas de teatro, y televisión no, por ahora. La productora si, están desarrollando algo con Telefe, pero yo no estoy participando de esto.

Descripción, en una palabra

Natalia Oreiro: Son tantas las casas buenas que tengo para decir que decir una sola me va a parecer. Te puedo decir varias cosas: talentosa, súper profesional, buena compañera, pero creo que es un motor.

Ricardo Darín: es muy difícil una sola cosa, pero es compañero.

Guillermo Francella: Amigo

Adrián Suar: de palabra

Cecilia Monti: mi gran amor, mi vida


Fuente: Mariel Torreiro

Foto 1: Iván Franco

Foto 2: Mariel Torreiro

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Redactor

Fran Vidal

Fran Vidal

Licenciado en Comunicación Social.
Graduado de la Universidad Nacional de San Luis.
Periodista de Espectáculos y Director periodístico de www.franvidalespectaculos.com.

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