Una comedia entrañable que funciona como mapa sentimental de toda una generación. Con música en vivo y humor, el artista construye un mundo que huele a cassette y a golosinas ochentosas.
Existen espectáculos que entretienen. Hay otros que emocionan. Y de vez en cuando, se presenta uno que logra las dos cosas al mismo tiempo sin que el espectador pueda distinguir exactamente en qué momento pasó de reírse a sentir un nudo en la garganta. “Vengo de los 80’s”, el nuevo show de Pablo Cordonet, se presentó en San Luis el viernes 5 de junio y no solo hizo reír al público sino también emocionar, desbloqueando recuerdos que muchos creían archivados para siempre.
Al ingresar a la sala Berta Vidal del Centro Cultural Puente Blanco, la atmósfera ya anticipaba lo que vendría: música acorde al show y un montón de imágenes relacionadas a la época cubrían la escena como una bienvenida cómplice. El show comenzaba, en cierto modo, antes de que comenzara de la mano de Produce Simple en el rol general y Jorge Fernández en la producción local.

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Desde el primer instante en que sube al escenario, Pablo establece un pacto tácito con el público: vamos a volver. No de manera literal, sino por esa vía mucho más eficaz que es la del humor inteligente y la memoria sensorial.
Sus relatos no solo narran hechos, también invocan aromas, sabores, texturas, temperatura. Con más de 25 años en los escenarios argentinos e internacionales, Cordonet afinó hasta el milímetro un estilo que podríamos definir como costumbrismo cómico de alta precisión. No hay aquí el gag fácil ni la referencia nostálgica vacía. Cada anécdota está construida con la arquitectura de un relato literario.

Pero lo que verdaderamente distingue este show de cualquier otro stand-up del circuito argentino es la dimensión teatral y musical que lo envuelve. Las canciones de la década, algunas interpretadas por el propio Pablo, también abren un juego inesperado, ya que el artista traza similitudes entre estilos de intérpretes internacionales y argentinos, encontrando parentescos rítmicos que el público celebra con el reconocimiento de quien siempre sospechó algo así pero nunca lo había formulado. Cuando Cordonet recuerda su infancia, el público ya no está en la sala. Está en el comedor de la casa de su infancia, con el televisor encendido y la certeza de que el mundo era, entonces, perfectamente manejable.
El humor del muchacho de Banfield funciona, como él mismo sugiere, como una lupa. Toma los hábitos actuales, los de una generación adulta que no termina de creer que ya es adulta y los rastrea hasta su origen en esa década de neón, walkman con pocas pilas y promesas de futuro.
Cordonet no solo cuenta los ochenta: los restaura, los pone en circulación, los devuelve vivos. Y nos recuerda que, cada noche después de las 22:00, como nos recomendaba Topo Gigio irse a dormir, siempre se puede volver a soñar con un futuro mejor donde los sueños se cumplen.

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Próximos shows en la región de Cuyo:
6 de junio- San Juan
7 de junio- Mendoza

