El escenógrafo, pintor, dramaturgo y director de cine cordobés murió este viernes en Buenos Aires a los 79 años. Hace tres años, en una entrevista exclusiva para Fran Vidal Espectáculos en su hotel boutique de Traslasierra, había reflexionado sobre la muerte, el más allá y el amor.
Eugenio Zanetti, el único cordobés ganador de un Premio Oscar, falleció luego de sentirse mal durante un ensayo de la ópera “Los cuentos de Hoffmann” en el Teatro Colón. Apenas unos días antes había estado en Córdoba presentando “El hombre que habita muchos mundos”, una muestra retrospectiva de sus seis décadas de trayectoria en el Museo Tamburini.

Hace tres años, este medio lo visitó en su propio refugio: el Hotel Estancia de la Cruz, en San Javier, Valle de Traslasierra, el lugar que Zanetti construyó con objetos, escenografías y muebles que el artista trajo desde Hollywood tras treinta años viviendo en Los Ángeles. Allí, entre puertas marroquíes de siete metros traídas de la película “The Haunting” y jardines que lo conectaban con su infancia cordobesa, Zanetti recibía visitas guiadas para compartir “un pedacito de Hollywood” con quien quisiera conocerlo.

Nacido en Córdoba el 19 de octubre de 1946, Eugenio se radicó en Hollywood en la década del 80 y trabajó en films como “Flatliners”, “Last Action Hero” y “Restauración”, por la que ganó el Oscar a Mejor Dirección de Arte en 1995. Cinco años después volvió a estar nominado por “Más allá de los sueños”.

En aquella charla recordaba, con humildad, el día que recibió la estatuilla: contaba que fue Emma Thompson quien se la entregó, describiéndolo como un hombre con la voluntad de Nancy Reagan, en referencia a la entonces primera dama, muy involucrada en la industria del cine. También se permitía relativizar el objeto más codiciado de Hollywood, decía que ni siquiera el Oscar tenía valor monetario, porque si se lo robaban, nadie podría venderlo ni él podría reclamarlo.

“¿Y vos qué pensás de la muerte?”
Sobre el final de aquel encuentro, mientras hablaba de “Hora Mágica”, en ese entonces su próxima película, sobre un pintor que muere en el primer acto y se convierte en una suerte de Orfeo invertido, le preguntamos qué pensaba de la muerte y si creía que había algo después.

Su respuesta hoy se lee distinta. Zanetti explicó que tenía tres certezas para compartir: una basada en su experiencia, otra que directamente desconocía y una tercera que recomendaba consultarle a alguien que supiera. Contó que un maestro en quien confiaba plenamente le había advertido, cuarenta años atrás, que el problema del suicidio es que quien lo comete se encuentra del otro lado con el mismo conflicto sin resolver. De ahí sacó su propia conclusión: que sí existe otro lado. Y cerró la reflexión afirmando que, más allá de las dudas, estaba convencido de que hay otra vida, y que lo único verdaderamente importante, antes y después de morir, es el amor.

Zanetti deja una obra que atravesó el cine, el teatro, la ópera y la pintura, con exposiciones en Argentina, México, Estados Unidos y España. Su despedida se produce apenas días después de haber compartido, una vez más, su universo creativo con el público cordobés. El 19 de octubre hubiese cumplido sus 80 años.

