Con cuarenta años en el ámbito del teatro, Marcelo Di Gennaro volvió a las tablas con el unipersonal de Eduardo Pavlovsky, dirigido por Román Caracciolo “Rojos Globos Rojos”, en el auditorio Mauricio López de la Universidad Nacional de San Luis.
Marcelo es actor, director teatral, y se ha desempeñado como docente en esta disciplina. Actualmente, ocupa el cargo Director de Extensión y Cultura de la UNSL.
El artista dialogó en una entrevista exclusiva con este portal de espectáculos, desde las butacas del auditorio que cumple 30 años desde su inauguración.
¿Qué significa volver a la actuación?
Desde el año 2013 no lo hacía. En este tiempo me dediqué a la dirección y a la gestión cultural. Me formé para ser actor pero a veces las distintas vicisitudes nos llevan a realizar otras tareas.
Regresar a las tablas es volver a hacer lo mío. En esta profesión vivimos cierta incertidumbre porque no sabemos si vamos a trabajar toda la vida como actores y eso tiene que ver con lo político, lo social y lo económico, el teatro está atravesado por todo eso.
De todas maneras, nunca dejé de hacer teatro, desde que me inicié hace cuarenta años, más allá de la falta de trabajo siempre le puse la misma pasión.
¿Qué lo impulsó para dedicarse al teatro?
Uno ya viene marcado desde la niñez, ya que en mi seno familiar había espacios donde se cultivaba mucho la música, la danza y la poesía. Tengo familiares directos que se han dedicado toda su vida al arte; aunque no te des cuenta lo incorporás.
A los diecisiete comencé a estudiar en Córdoba y me acerqué al grupo de teatro universitario y era una época donde las reuniones con el otro eran fructíferas; había una interrelación excelente.
Como Director de Extensión y Cultura ¿por qué considera que es importante fomentar el teatro desde la Universidad?
En primer lugar, es una herramienta formativa para los alumnos que están cursando cualquier carrera. A través del teatro se logra tener acceso a múltiples conocimientos que a veces en alguna de las carreras se ven muy acotados en la formación general. Esta posibilidad de hacer teatro presenta la necesidad y la obligación de investigar, de poder adentrarse en distintas temáticas. En teatro hay una variedad inmensa de posibilidades de acceso al conocimiento. Además, en el teatro se puede aprender a través del error. En la escuela se castiga, en cambio en el teatro uno pide que los actores se equivoquen en los momentos de ensayo y formación; cuando la obra está armada ya no se puede, y para llegar a la perfección de la puesta escena se valoriza más el proceso que el producto final. Es una disciplina que se adquiere y puede servir para cualquier profesión.
¿Por qué remarca la interrelación en el teatro?
Esto tiene que ver con empezar a conocerse uno mismo, aceptarse para después aceptar al otro. Hay que interrelacionarse y eso nos hace más humanos. He tenido la posibilidad de dedicarme a la parte pedagógica del teatro; la técnica es muy fácil de transmitir a los alumnos, lo que es difícil de transmitir es la pasión que se siente y que cada uno tiene que desarrollar.
¿Se nace o se hace?
Se hace a partir del amor y el compromiso. Una profesora me decía que en el teatro es importante el talento pero es mucho más importante la transpiración, el trabajo constante y con el otro. Uno va aprendiendo a lo largo de los años trabajando con distinta gente y nos exige tener una relación sincera, en primer lugar con uno mismo y después con el otro.
El teatro nos hace más humanos, más solidarios y son valores que a veces se pierden. Quien trabaja de esta manera puede vivir plenamente sobre el escenario.

¿Qué refleja Rojos Globos Rojos?
Principalmente refleja la pasión de un hombre que lleva muchos años trabajando en su profesión y que siempre estuvo de la mitad para abajo del reconocimiento. Sin embargo, lo sostienen el amor y el compromiso por ese lugar de trabajo. Es un profesional a pesar de ser un tipo que tiene pocos espectadores en un teatro marginal. Profesa, transmite fe a través del arte y es la manera que tiene de poder resistir desde ese lugar donde puede soñar la libertad, en el escenario.
Uno piensa que él esta compartiendo con el público su accionar y eso es lo que lo mantiene vivo ante los embates de todo el afuera, que son muchos. Está angustiado porque le están por cerrar el teatro, porque la gente no lo va a ver y lo sostiene noche a noche. Uno no puede estar de acuerdo con determinadas situaciones pero nunca puede quitarle valor a un trabajo digno, real, comprometido sobre el escenario.
¿Qué valor tuvo para usted presentar la obra en el Auditorio Mauricio López que está cumpliendo 30 años?
Lo vi nacer realmente, poner ladrillo tras ladrillo, butaca tras butaca, así que es una emoción muy grande. Cuando miro para atrás no puedo creerlo, he visto pasar números provinciales, nacionales, internacionales que llenan de satisfacción. Acá me siento como en mi casa y como dice Cardenal “Acá y solamente acá es donde uno puede soñar la libertad”, se puede emocionar, apasionar, comprometer y generar comunión entre actor espectador, lo que le da la vida al teatro.
El espectáculo ha sido elegido para participar en el Encuentro Regional Teatro de Cuyo, ¿cómo describe este momento?
El solo hecho de poder participar en una Fiesta Provincial de Teatro y compartir con los compañeros de toda la provincia fue muy significativo. Por otro lado, haber sido seleccionado por el jurado es sólo una consecuencia. Me da mucha alegría porque fue una comunión cultural durante cinco días y pude ver los trabajos de los compañeros en el escenario. Estos encuentros entre los gestores de la cultura son los que nos van a mantener fuertes como artistas.
También, es un logro para la cultura de San Luis rescatar el apoyo del Instituto Nacional de Teatro en esta época. Para nosotros es alentador y nos da fuerzas para seguir resistiendo.
Fotos: Meli Furlong

